Si yo fuera hombre y judío, norteamericano y rubio, criado de una familia conservadora y educado en una de las más prestigiosas universidades del imperio…
Pues aún con más ahínco sería feminista, con muchas más ganas resistiría al sionismo, con mayor creatividad construiría una alternativa al libre mercado para la autodeterminación de los pueblos, y me daría una vergüenza entrañable, que combatiría con los puños de ser necesario, cada vez que se discrimine legal o socialmente a un inmigrante. Dedicaría en suma, mi vida, a los demás, intelectual y emocionalmente consciente de que el compromiso con que uno enfrente aquello que es a todas luces injusto, es lo que define entre decente o indecente, digo o indigno, moral o inmoral.